top of page

6- El último post en el antes

27 sept
10 min de lectura

Este post sale un día antes de la operación. La semana pasada escribí que tenía curiosidad por saber qué me iba a traer estar tan cerca de lo inminente, de lo inapelable. Y bueno, aquí estoy, contándolo.



Despedirme, del todo

Ya había empezado a despedirme de mis clientes en el post anterior. Pero ahora se vuelve definitivo.

Y pasó algo que no esperaba: algunos clientes nuevos quieren quedarse. Les explico la situación, que no sé cuánto voy a tardar en recuperarme, que espero que sea pronto, pero que no lo sé. Y aun así deciden que quieren empezar terapia conmigo, que quieren sostener el proceso desde el principio, sabiendo lo que hay. Me sorprendió y me dio una ola de agradecimiento.


Poner orden

Por otro lado, sigo con lo del documento. Esta semana vino un amigo de hace casi treinta años, que es quien se va a encargar de todo el papeleo burocrático en caso de que me pase algo. Nadie quiere que me pase algo, ni yo tampoco. Sé que tengo que ser pragmática, y estar preparada.

Y ahí me encuentro con lo caótica que puedo llegar a ser. Pensaba hacer un mapa en el ordenador, algo simple, para que sea fácil encontrar todo lo importante. Me pongo a buscar y tengo veinte ventanas abiertas, cosas por todos lados, un caos que solo yo entiendo, y en el que a veces hasta yo me pierdo, aunque siempre me vuelvo a encontrar. Lo llamo, medio en broma, mi TDAH no diagnosticado. Nunca me evaluaron oficialmente, aunque claramente es algo que reconozco. Sea como sea, me confronta descubrirlo ahora, a mis 50 años.

Pensar que ahora tengo que hacer todo esto simple, para que otra persona pueda entrar y encontrar lo que necesite, me da risa. Pienso: pobres, no quiero dejarles este caos, me van a odiar hasta bajo tierra.

Hace unos días, una amiga de hace muchos años me preguntó: "¿Quién quieres que mire y filtre tus cosas personales, tus reflexiones, tus diarios, tus cartas, lo que tienes en el ordenador y en tus libretas, antes de que llegue a manos de tu hijo o de tu familia?". Y le dije: "¿Tú?". Y ahí nos reímos, porque justo acabábamos de hablar de lo caótica que es ella, y de lo mucho que nos parecemos en eso. O sea, dejo mi caos en manos de alguien que es igual que yo.

Menos mal que otra amiga, amiga mía desde los 18 años, sin que yo se lo pidiera, me dijo que quería ofrecerse para hacerlo junto con ella. Así que serán dos de mis amigas holandesas más antiguas las que tendrán el arduo trabajo de filtrar, leer y tirar mis papeles. ¡Pobres!

Obviamente, proyectamos que eso no va a pasar, y que nunca va a ser necesario.


El altar

Una amiga muy linda, que conocí en unos encuentros de canto, me contó que a ella también le había pasado algo parecido con su útero hace muy poquito. No igual, pero en la misma línea: operaciones, un proceso interno que había que atravesar. Hablábamos de cómo despedirse de ese órgano, de esa parte que me acompaña desde que tengo vida, que fue para mí el signo de ser mujer, de procrear, de cuidar, esa matriz.

Hablábamos de lo que se hace en las tradiciones. Y ella me dijo: yo hice un altar. Me mostró una foto. Y me dijo: este altar se va a quedar acá en casa hasta que tengas tu operación.

Me emocionó muchísimo. Y tengo que decir que también me dio tranquilidad, para poder concentrarme en las cosas prácticas y no tanto en lo ritual, sabiendo que eso ya estaba sostenido en otro lado.

Ahora que tengo esta última semana, con un poco más de tiempo, más espacio, para organizarme también de otra manera, más emocional, sé que sí quiero hacer algo. Una despedida, aunque sea muy íntima, con mi útero, con esa parte de mí.

La voy a hacer antes de la operación, a mi manera. Voy a escribir una carta de despedida. A mí misma, a esa parte de mí que dejo atrás, a mi útero. En lo bueno y en lo malo: lo bueno que me ha dado, y todo lo mal que a veces me lo ha hecho pasar. Creo que honrar es eso: honrar lo que mañana va a cambiar, y los 50 años en los que fue parte de mí. Y darle la bienvenida a lo nuevo que va a entrar en ese espacio. Voy a poner mi velita, mi incienso, y me voy a tomar unos minutos, a lo mejor con algo de música, para leerla.

Le dije a mi hijo el otro día: esta fue tu primera casa. Tu primer hogar en la tierra. Me dijo que nunca lo había pensado de esa manera. Y la verdad es que no, uno no lo piensa así. Es el lugar donde creé un ser humano, con la ayuda de esos ovarios que cada mes me dieron la oportunidad de pro-crear, y que me hicieron consciente de mi condición de mujer desde los 14 años.


La fuerza colectiva

Ese altar puesto allá, en su casa, hasta mi operación, compartido con otra mujer que sabe lo que es pasar por esto, me hizo sentir algo más: que entre nosotras hay una unión. Un hilo invisible que nos conecta, que se siente en los círculos de mujeres, y que nos da energía cuando más la necesitamos.

A mí se me va el útero. Se me va la matriz. Pero la fuerza no se va con ellos. Esa fuerza es otra cosa: es femenina, y es masculina también. Es colectiva. Y creo que es eso lo que nos levanta.

Va a haber un vacío en mí en el momento en que me saquen la matriz. Un vacío que se va a llenar con otra cosa: con esa unión, con ese amor. Por eso me siento unida a las mujeres desde otro lugar, ahora.

Voy a necesitar a las mujeres cerca. Bueno, no las necesito: las quiero cerca. Y quiero crear cosas que tengan que ver con eso también.

Y no es algo solo de las mujeres. Estas últimas semanas me sostuvieron también muchos hombres: mis hermanos, los amigos que vinieron a arreglar la casa, los que vinieron a cuidarme. Ahí también sentí esa unión, ese cuidar, desde lo masculino.

Hay una parte mía, vulnerable, que me da fuerza. Que puedo ser vulnerable, y femenina, y tener al mismo tiempo la misma entereza con la que he atravesado estas semanas. Y creo que esa fuerza la tenemos todos. Por lo menos, así lo he sentido yo.


El bajón

Después de esta maratón de ordenar, de limpiar, de organizar todo lo que se me ocurre que necesita organizarse, de cerrar las sesiones con mis clientes por un tiempo, de parar incluso mis propias sesiones, de dejar por escrito todo lo que se puede dejar por escrito, me vino un bajón que no esperaba.

Noté lo bien que me siento en mi cuerpo, en este momento. Bien en mi trabajo, bien en mis amistades. Y de repente me agarraron unas ganas tremendas de no tener que pasar por lo que pasaré a partir de mañana. Me dio pena, y recién ahí sentí la despedida de mi cuerpo tal como lo conozco, el que me acompañó hasta hoy.

Todo esto también le dio un giro a mis amistades. Retomé contacto con gente con la que hacía tiempo no hablaba tanto. No quiero decir que antes no los valorara, porque no es esa la palabra, pero a lo mejor sí tiene algo de eso. Este tipo de situaciones te hacen ver quién está cerca y quién no. Eso ya lo había contado anteriormente en otro post. Ahora hay algo más: no es solo quién está, sino cómo. Cómo quiero estar presente yo con cada uno, qué atención les quiero dar. Y también cómo está presente cada uno conmigo, a su manera, con lo que puede. Ha sido todo un descubrimiento este tiempo, este espacio que se abrió para encontrarnos de otra forma.

Y me cuesta dejarlo. No sé qué va a venir después, y creo que eso es lo que más me asusta.

Y sin embargo, en estos últimos tres días, el cuerpo dejó de querer hacer nada. Necesito descansar. Me levanto, me vuelvo a dormir. Duermo un poco agitada, cosa que no me estaba pasando tanto. Me despierto con una pesadez muy grande en el cuerpo. Me noto más apática de lo que suelo estar.

Me imagino que el cuerpo también es sabio, y que se está preparando para esa quietud en la que voy a estar un tiempito. Preparándome para esa sensación, incluso física. Esa es mi lectura, no quiere decir que sea la realidad. Es lo que estoy viendo: el cuerpo me está haciendo a la idea, mental y física, de que no voy a estar tan enérgica como normalmente he estado.


Una manta de realidad

Puede ser que lo que viene no sea nada, que pase casi sin darme cuenta. O puede que traiga dolor, o lo que sea que traiga. La verdad es que espero que sea lo primero. Eso es lo que intento proyectar afuera.

También vi algo más: hay una parte muy clara en mí que se prepara para lo peor, por si después está malísimo. Eso viene directo del trauma, lo sé. Funciona así: si viene una bofetada, un golpe, una de esas bombas, el impacto es más suave que cuando estoy en una nube de positivismo. Y descubrí que me da miedo pensar en lo mejor. Me da miedo pensar que no va a pasar nada, que va a estar todo bien, que no me va a doler, que la operación va a ser fantástica. Porque hay muchas incógnitas, esa es la realidad.

Yo puedo ser muy optimista, y lo soy, de hecho. Aunque cuando estoy un poco más de bajón, como hace unos días, observo cómo esas partes se hacen más presentes. Me alegra saber que soy consciente de ellas, y que las puedo separar de mi ser. Eso no quita que necesite darles un poco de espacio, porque no se van a ir así como así. Es mi mecanismo de defensa ante los momentos oscuros.

Cuando les cuento a algunos amigos y amigas que estoy un poco entregada al proceso en el que voy a entrar, y que sé que va a doler, porque es lo que me dijeron los médicos, por más subjetivo que sea el dolor, se alarman. Piensan que me estoy proyectando hacia algo negativo, algo que no tiene por qué pasar.

Y sí, es así: no tiene por qué pasar. Creo que hay gente a la que le funciona mucho proyectarse de la otra manera. Yo aprendí que mi sistema necesita plantarse en la realidad. Me entra un pragmatismo muy práctico, valga la redundancia. Es como una manta de realidad que necesito tener cerca, para que me baje a tierra, para no sentir que estoy viviendo en una ilusión.

Y aun así, hago mi ritual. Aun así, hago mis meditaciones. Aun así, como me dijo hace poco una amiga, pienso en todos mis ángeles, en mis ancestros, en todas mis líneas de mujeres, de hombres, lo que sea, y los pienso en luz. Sí, también hago eso.


Hasta el otro lado

El otro día, en mi terapia, hablé justo de esto: de la fuerza vital y la conexión de este momento. Y de que todo lo que estoy haciendo, lo hago porque quiero vivir, y quiero vivir bien, poder hacer la vida que quiero, la que me he estado creando este último tiempo, desde un lugar más maduro.

Hay una parte de mí que de verdad necesita dejar ciertas cosas atrás. Es mi parte más niña, la que cargaba con tantas cosas que necesitaba cargar, con mucho dolor y muchos aprendizajes a fuerza de chocarme con las piedras y las paredes, de caerme una y otra vez. No quiere decir que no vaya a aprender más, que ya aprendí todo y se acabó.

Tengo una frase que repito desde siempre: hasta el día de nuestra muerte vamos a seguir siendo seres que aprenden a base de caídas, grandes o pequeñas. La fuerza está en cómo nos levantamos, y en cuánto tardamos en hacerlo. Si seguimos abiertos a la posibilidad de aprender, con curiosidad, creo que el tiempo en el suelo es cada vez menor. Que nos vamos a caer, eso sí, es para mí un hecho irrefutable. Sé que si mi hijo me leyera decir esto aquí, pondría los ojos en blanco, cansado de escucharme repetir esta frase cada vez que, desde pequeño, él se equivocaba, o nos equivocábamos.

Y con todo, hay un peso que con esta operación se va a quedar atrás. Y la versión que conocía hasta ahora se está despidiendo.

Lo que aparece es una consciencia que no es como nos la imaginamos: no me eleva a ningún lugar. Es una consciencia de despedida, de algo que dolió mucho y me pesó mucho. Y dejarlo atrás también duele, pero alivia.

Riéndome con una amiga, le decía que capaz ahora viene mi versión 3.0. ¿O 3.1? No: tengo cincuenta, así que podría llamarla Andrea 5.0. O 5.1, no sé. Da igual. Estamos a pocas horas de arrancar, de entrar en esta nueva fase. Ahí estamos, y iremos conversando: los que están en algunos de mis grupos de WhatsApp se irán enterando por ahí, y los que no, lo irán escuchando. Confío en que la comunidad se irá pasando la voz si hace falta, y el que quiera saber, va a saber.

Hay algo más que no quiero dejar afuera. Del hospital me mandaron un email con la preparación, y una de las cosas que me pedían era llevar mi propia música. En la carta me explicaban que está investigado que la música puede ayudar con el dolor, con los nervios, y a sentirse acompañada.

Me hizo gracia, porque es algo que llevo muy adentro, y sé que muchos de los que me leen y están cerca de mí lo creen así también, sin necesidad de ninguna investigación.

Así que invité a mis amigos y familiares cercanos, y también a algunas personas de fuera, a mandarme música suya, o listas de Spotify si querían. Y me encanta saber que mañana voy a estar acompañada de todas esas partes musicales que cada uno me fue enviando, y de las canciones que fueron sumando a mi "Hospital Greatest Hits" para esos momentos difíciles.

La diversidad de las canciones, y lo que cada una significa para quien la mandó, es increíble de ver y tan hermoso de recibir. Me escuché la lista entera, y podía ver las caras de cada uno. Creo que es un recuerdo que me voy a llevar de este momento, y que se me va a quedar para siempre.

Este es mi último post en el antes.

Y simplemente quiero agradecer a todos los que han estado leyendo, a todos los que me han estado escribiendo, apoyando, dándome fuerza, energía, consejos, amor, música. Es inmenso. No tengo ni las palabras para expresar la gratitud que siento, y el corazón hinchado, por todo lo que me ha estado pasando este último tiempo.

Les veré cuando esto termine, y esté en el otro lado.


Les dejo con esta canción que me compartió, desde el otro lado del charco, esta mujer hermosa.


🎵 "Cuando - Luna Monti y Juan Quintero




En caso de que quieras apoyarme económicamente en este camino, te dejo un enlace abajo.



Por transferencia bancaria:

Nombre: AP Porcelli Battilana

IBAN: NL75INGB0654822875

Swift/BIC: INGBNL2A


WISE: @andreap1845


REVOLUT: @andreaporcelli

 
 
 

Comentarios


The bodywise logo

 andrea@andreaporcelli.com
Tel: +31639407909

​

 andrea@andreaporcelli.com
Tel: +31639407909

​

Gracias por querer apoyarme en este proceso. 
Thank you for support me in this process. 

By bank transfer; 

Name: AP Porcelli Battilana

IBAN: NL75INGB0654822875

Swift/BIC: INGBNL2A

WISE

@andreap1845

Revolut: 

@andreaporcelli
 

Suscríbete para recibir actualizaciones exclusivas

© 2026 Por Andrea Porcelli.  

bottom of page